El Opus Dei difunde el mensaje de la llamada a la santidad de

 todos los bautizados, en el cumplimiento del propio trabajo

y de las obligaciones personales.

«El espíritu del Opus Dei tiene como característica esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio, sino que lleva a que cada uno cumpla las tareas y deberes de su propio estado, de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil, con la mayor perfección posible» . El Opus Dei, con su espíritu esencialmente secular, sirve a la Iglesia y a la sociedad fomentando la santidad y el compromiso apostólico personal de los fieles cristianos, ayudándoles a descubrir y asumir las exigencias de su vocación bautismal en el lugar que cada uno ocupa en el mundo.

Algunos rasgos del espíritu del Opus Dei son los siguientes:
Filiación divina
Vida ordinaria
Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo
Amor a la libertad
Vida de oración y de sacrificio
Caridad y apostolado
Unidad de vida

Filiación divina


 Un cristiano es un hijo de Dios, en virtud del bautismo. Esta verdad básica del cristianismo ocupa un lugar fundamental en el espíritu del Opus Dei, como enseña su fundador: «La filiación divina es el fundamento del espíritu del Opus Dei». La formación que proporciona la prelatura suscita, en consecuencia, en los fieles cristianos un vivo sentido de su condición de hijos de Dios y ayuda a conducirse de acuerdo con ella: fomenta la confianza en la providencia divina, la sencillez en el trato con Dios, un profundo sentido de la dignidad de todo ser humano y de la fraternidad entre los hombres, un verdadero amor cristiano al mundo y a las realidades creadas por Dios, la serenidad y el optimismo.

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